Recuerdo que una paciente lo que más quería en su vida era amor. Esta es la historia de muchos, por ello si te sientes identificada o identificado es normal. La búsqueda de ella era por la persona especial, eso era lo más importante y la llevó a ser perfecta en todo sentido. Trabajó su belleza interna y externa. Buscó tener éxito.
Cada vez que encontraba a la persona que creía era la indicada, como ella misma lo llamaba su príncipe del cuento… no tenía un final feliz y su castillo de ensueño se derrumbaba. Esto la llevó a trabajar más, se esforzó con ahínco en lo que creyó necesario para ser feliz. Sin embargo, cuando volvió a encontrar a alguien y pensó que era el indicado (ya con cierto recelo), le sucedió lo mismo. La siguiente vez se protegió para no precipitarse, pero le fue igual.
El tiempo pasó, creó un caparazón y se fue ensimismando. Cada vez le costaba más dar todo de sí misma, y por el contrario fue dando menos.
Era bella, inteligente y exitosa económicamente, pero estaba sola y eso le dolía. Era la princesa de un palacio vacío. Sin darse cuenta de que lo que buscaba estaba más cerca de lo que pensaba: en su interior. Tanto tiempo buscó fuera, que no se daba cuenta que ya lo tenía todo. Su preocupación por encontrar amor de pareja se había instalado como la creencia de que necesitaba de alguien para estar completa. Sin darse cuenta eso era lo que había estado atrayendo: personas con la misma necesidad.
Me di cuenta de que tenía que legar a ella de otra manera para que entendiera, y por este emotivo le conté la siguiente historia, puesto que es otra forma de llegar a lo profundo del ser:
Un sabio de tierras lejanas vio a una bella mujer en su gran castillo de cristal. Se dio cuenta que esta belleza y grandeza era solo por fuera, por dentro estaba resquebrajado y vacío. El hombre sintió la pena de la mujer y fue acercándose. Vio la tristeza en sus ojos gélidos y pálidos sin brillo. Fue a hablar con ella, siendo recibido con respeto. Él le dijo:
—Estás triste porque no encuentras el amor.
—Así es. —Ella le respondió bajando la mirada.
—Te da miedo que te vuelvan a herir. Por eso te proteges, creas un muro impenetrable y terminas sola. Solo hay una manera de amar y es dándolo todo.
—¿Y si me vuelven a dañar? —ella le pregunto.
—Algunas veces sucederá, hasta que llegue el verdadero amor. Pero si por miedo te encierras nunca permitirás que exista esa oportunidad. Solo tendrás amor dando todo, sino atraerás amor a medias y no conocerás el verdadero amor.
—Antes lo hice y no me funcionó.
—Antes solo creías que el amor estaba afuera y eso te haría feliz. Esa desesperación atrajo más de lo mismo y por eso se terminaba. Tu creencia era producto de la falta de amor, a la vez producto de una carencia de niña. Déjame ayudarte a sanar tu carencia y el amor crecerá en ti, y cuando lo sientas atraerás lo mismo.
Ella al inicio dudó, pero era eso o seguir en lo mismo y terminar peor. Al fin se arriesgó y siguió el consejo del sabio. Él la ayudo a reconocer sus carencias de la infancia, las que estaban asociadas a las pérdidas y generaban emociones negativas. Luego le enseñó cómo liberarse de esas emociones. Ella volvió a sentir el calor de la vida en su corazón, sus ojos empezaron a brillar de nuevo y fue feliz. Se iluminó y el amor se expandió desde su corazón.
El tiempo pasó y un día estaba mirando las olas del mar chocar con un rompeolas, ellas iban y venían, como todo fluye en la vida. Hasta que su trance se difuminó por una grata voz que le dijo:
—Es relajante ver el mar.
Ella giró y vio los ojos de un hombre que brillaban como los ojos de los niños, llenos de amor.
Sin haber buscado, ella había atraído lo que ya transmitía: amor.
La historia llego a lo profundo de mi paciente y con el tiempo lo puso en práctica. Su vida cambió y al fin llegó el amor de pareja.
Meu sada la len